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domingo, 12 de febrero de 2017

¡DESAYUNA! ES IMPORTANTE

¡DESPIERTA Y DESAYUNA!

¿Sabías que la obesidad es una enfermedad crónica?
¿Sabías que altera la salud de quien la padece y predispone a la aparición de otras enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes tipo 2 o las enfermedades cardiovasculares?
La obesidad es una enfermedad seria, y cuando se da entre los niños, éstos sufren desde pequeños y durante muchos años sus consecuencias físicas, metabólicas, psicológicas y sociales.
Una situación que se ve reflejada no sólo en su salud sino también en su estado de ánimo.

Tú puedes dar el primer paso para evitar la obesidad en tus hijos: 
educándoles en buenos hábitos alimentarios desde pequeños y estimulándoles en la práctica de actividad física o deporte.

Los cambios que se están dando en la alimentación y los nuevos estilos de vida son los principales desencadenantes de la obesidad y de su aumento en los últimos años.

La infancia es la etapa de la vida en la que comienzan a establecerse los hábitos alimentarios y a partir de la adolescencia, estos hábitos adquiridos se hacen más resistentes al cambio.

Es esencial actuar durante este periodo, la infancia, sobre la conducta alimentaria de los niños, ya que las costumbres que adquieran en esta etapa van a ser determinantes de su estado de salud cuando sean adultos.

¡Tú, como padre o madre, 
eres una pieza clave en 
la educación de sus hábitos alimentarios!


UNA PROPUESTA SALUDABLE PARA PREVENIR LA OBESIDAD INFANTIL:
  • Comer de todo. Una alimentación variada y equilibrada es una alimentación sana.
  • Desayunar siempre y de la forma más completa posible.
  • Cereales (pan, pasta, arroz,...), patatas y legumbres son los alimentos básicos y tiene que formar parte de nuestra dieta diaria.
  • Moderar el consumo de grasas, especialmente las de origen animal.
  • Tomar todos los días frutas, verduras y hortalizas.
  • Moderar el consumo de productos ricos en azúcar como las golosinas, los dulces y los refrescos.
  • Reducir la sal en las comidas y utilizar, preferentemente, sal yodada.
  • El agua es la mejor bebida.
  • Hacer todos los días ejercicio físico. Caminar siempre que sea posible.
  • Involucrar a todos los miembros de la familia en los distintos aspectos relacionados con la alimentación: comprar, decidir el menú y cocinar.
IMPRESCINDIBLE: UN BUEN DESAYUNO
Desayunar es una buena costumbre que sólo requiere que organices tu tiempo. Tan sólo necesitas 15-20 minutos para disfrutar con tus hijos de un estimulante y sabroso desayuno. Su organismo lo agradecerá y su mente y su cuerpo rendirán más: 
  • Mejora el estado nutricional.
  • Aumenta el rendimiento físico.
  • Ayuda a controlar el peso.
  • Es un buen hábito.
EN LA VARIEDAD ESTÁ EL GUSTO

MUÉVETE CON ELLOS, SANOS Y ACTIVOS

¡DESPIERTA EN TUS HIJOS LA VIDA SANA!

Campaña publicitaria de hace unos años del Ministerio de Sanidad y Consumo:

Extraído de la campaña de comunicación del Ministerio de Sanidad y Consumo: 
"Despierta,  desayuna", desarrollada en 2006:

domingo, 3 de marzo de 2013

LAS CLAVES PARA EVITAR QUE TU HIJO SEA OBESO


Desayunar siempre, cambiar el ordenador por una actividad deportiva y el bollo de la merienda por una fruta son algunas de las pautas a seguir para prevenir el sobrepeso en la infancia.


El sobrepeso afecta especialmente a los que no desayunan, comen en casa y llevan una vida sedentaria


La expresión «el gordito de la clase» va camino de extinguirse porque ya no se trata de casos puntuales. La obesidad afecta hoy en día a casi la mitad de los niños españoles. El sedentarismo y la alimentación inadecuada son los principales culpables. Pero el problema va más allá de la cuestión estética. «Estamos viendo que algunas patologías, propias de gente mayor, como la hipertensión la diabetes tipo 2 o el colesterol aparecen en niños por culpa del exceso de kilos», advierte la doctora Empar Lurbe, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Estudio de la Obesidad (SEEDO).
Aprender hábitos saludables es básico. La bollería, los refrescos, los dulces, las patatas fritas y las chucherías, en definitiva, todas esas cosas por las que los niños se pirran, pero que tienen muchísimas grasas, sales y azúcares, deben restringirse. No están prohibidos, aunque su consumo tendría que ser ocasional.
Por contra, las frutas, verduras, hortalizas, productos lácteos, pan, aceite de oliva, cereales y agua son la base de una dieta equilibrada y tienen que tomarse a diario. Los pescados blancos y azules, las legumbres, los huevos, carnes, embutidos y frutos secos deben ingerirse varias veces a la semana, pero no todos los días. «Los niños tienen que aprender a comer y a cuidarse como aprender a leer y escribir», asegura la doctora Lurbe.
Otro de los errores que cometen muchos padres es dejar que sus hijos se vayan al colegio sin desayunar. «Los pequeños tienen que hacer cinco comidas al día y el desayuno es fundamental», recalca la experta, que recomienda hacerlo sin prisa y en familia.
Lo ideal es que los pequeños hagan cinco comidas al día y que para el tentempié de media mañana y la merienda se opte por una pieza de fruta.
Aparcar la televisión, el ordenador y los videojuegos y apostar por el ejercicio es el otro pilar fundamental para evitar la obesidad infantil. Ir andando al colegio, dar un paseo diario o subir escaleras, son pequeños gestos que contribuyen a mantener a raya el peso. Pero, además, la doctora Lurbe recomienda que varias veces a la semana los niños realicen una actividad física más intensa: gimnasia, natación, atletismo, deportes de equipo, etc.
Artículo extraído de ABC.es

martes, 20 de marzo de 2012

ALIMENTACIÓN INFANTIL

ERRORES MÁS FRECUENTES EN LA ALIMENTACIÓN INFANTIL 

1.- Introducir la leche de vaca antes de los 12 meses. 
Los menores de un año deben tomar leche materna o, en su defecto, fórmula infantil. La leche de vaca no es adecuada para la alimentación de niños y de las niñas en esta edad por diversas razones. La principal es su bajo contenido en hierro.

2.- Tomar más de 3 productos o raciones de lácteos al día.
En muchos países occidentales la leche se considera un alimento fundamental e imprescindible durante la infancia porque se considera que es casi la única fuente de calcio y no es raro encontrar niños o niñas toman cantidades excesivas de leche o sus derivados (yogures, natillas, petit suisse, quesitos…).
Sin embargo, esto puede dar lugar a desviaciones de la dieta infantil y a otros problemas, por ejemplo:
- Si toman mucha leche o lactoderivados, es probable que no tengan apetito para tomar otros alimentos y la dieta sea monótona y pobre en algunos nutrientes.
- La leche es rica en calcio pero contiene muy poco hierro. Ambos minerales son necesarios. Y hay que tener en cuenta que el hierro no se absorbe bien en presencia de calcio.
- La leche de vaca y sus derivados aportan grasas animales, ricas en acidos grasos saturados.
- Abusar de los lácteos puede dar lugar a estreñimiento y dolor abdominal.
- Algunas personas no digieren la leche. A partir de los 2-5 años van perdiendo la capacidad de digerirla. Esto ocurre con más frecuencia en algunas razas (asiáticos, negros, americanos) que en otras (caucásicos). En esos casos, tomar leche se acompaña de dolor abdominal, gases, heces ácidas e irritación del ano. A quienes les ocurre, pueden tener náuseas al tomar leche o la rechazan sin más explicaciones. Por lo general sí toleran los lácteos fermentados (queso, yogur o kéfir).

3.- Tomar zumos envasados.
Los zumos comerciales se han puesto de moda. Algunas personas consideran que se trata de un alimento adecuado para todas las edades, y que sustituyen perfectamente a la fruta natural, lo cual no es correcto.
La fruta contiene azúcares naturales, y además fibra, minerales y vitaminas. En el zumo solo quedan los azúcares. La fibra desaparece y parte de las vitaminas también. En algunos casos se les añaden después de forma artificial.
En realidad contienen solo entre un 5 y un 8% de fruta. El resto es agua. En proporción, aportan cantidades muy altas de energía, procedente de los hidratos de carbono (azúcares) y sin embargo, carecen de otros nutrientes esenciales.
Su consumo excesivo (más de 120 ml. al día) parece estar relacionado con algunos problemas de salud tales como:
Dolor abdominal, meteorismo y diarrea crónica debido a la alta concentración de sorbitol (un azúcar natural de las frutas).
Caries dentales, por acción de los azúcares en contacto con los dientes.
Inapetencia, porque facilitan la sensación de saciedad y puede conducir a desequilibrios nutricionales (no tomar otros alimentos más importantes desde el punto de vista de la nutrición) e incluso a desnutrición.
Obesidad, porque aportan calorías extra.
Con los refrescos azucarados ocurre algo similar. Una lata de 300 ml de refresco equivale a casi 12 cucharaditas de azúcar.
Conviene saber que las bebidas dulces no alivian la sed, sino que incitan a beber más. Es decir que no sacian. El agua es la mejor bebida.
  
4.- Sustituir la fruta por zumo envasado.
Como se comenta en otro lugar, las frutas contienen vitaminas y fibra, además de los azúcares naturales que las convierten en alimentos agradables. La fibra de los alimentos vegetales es importante para que el intestino funcione mejor, evitando el estreñimiento.
El zumo natural contiene todos los ingredientes menos la fibra. Aunque se puede tomar, conviene que no sea más de un vaso al día. Es preferible que niñas y niños coman la fruta al natural. Que mastiquen y saboreen distintas variedades
Pero los zumos envasados tampoco tienen las vitaminas naturales. De modo que es preferible que no formen parte de la dieta infantil más que de forma ocasional.
5.- Abusar de cereales azucarados y/o chocolateados para el desayuno.
En los últimos años han proliferado preparados a base de cereales que se presentan como “cereales de desayuno”. Se trata de copos elaborados a partir de distintos cereales (trigo, arroz, maíz) que se suelen tomar junto con la leche.
Pero a menudo, para hacerlos más apetecibles, van cubiertos de azúcar, miel o chocolate. Esto aumenta de forma importante la cantidad de calorías (energía) sin aportar nutrientes esenciales. En caso de que lleven chocolate, aumenta aún más debido a que éste contiene mucha grasa.
Es saludable tomar cereales sin aditivos. Y en el desayuno, lo más tradicional es el pan migado o las tostadas.


6.- Meriendas blanditas a base de pan de molde y bollería.
Los alimentos de consistencia algo dura, que hacen trabajar a dientes y mandíbulas, favorecen el desarrollo de los músculos de la cara y de la masticación, al mismo tiempo fortalecen los dientes y encías.
Por el contrario, los alimentos demasiado blandos, no solo evitan ese pequeño pero beneficioso esfuerzo, sino que, a menudo, al estar compuestos de azúcares, se adhieren a los dientes y contribuyen a la aparición de caries.
Además los productos de bollería y los panes de molde suelen tener grasa añadida, que no tiene el pan del día.
Es más aconsejable que niños y niñas merienden alimentos de más consistencia: bocadillos de pan normal, fruta en trozos.

7.- Dar siempre postre lácteo.
Muchas familias ofrecen lácteos de postre a sus hijos e hijas. En la mayoría de los casos lo hacen porque creen que así la alimentación es más completa. También por comodidad, puesto que los menores suelen preferir los yogures, flanes y natillas a la fruta, los toman más rápido y no hay que ayudarles ni enseñarles a pelar la fruta.
Sin embargo, la mayoría de los niños y niñas toman muchos lácteos a lo largo del día y muy poca fruta. La fruta contiene muchas vitaminas. Concretamente la vitamina C contribuye a que se asimile el hierro de otros alimentos que se hayan tomado en el almuerzo, por lo que un poco de fruta o medio vasito de zumo natural recién exprimido complementan mejor la comida de mediodía.
Es conveniente que se acostumbren desde el primer año a tomar la fruta en trocitos y dar ejemplo teniendo siempre al alcance de la mano frutas variadas de la temporada.
La fruta es un buen tentempié en todas las edades. Presentarla en la mesa ya pelada y troceada facilita que la coman los más pequeños.



8- Preguntar a los menores qué quieren tomar.
La responsabilidad de elegir el menú, comprar los alimentos y diseñar una dieta completa no corresponde a los niños, sino a las personas que les cuidan. Los menores suelen elegir alimentos demasiado dulces o demasiado salados, si se les ofrecen.
Madres y padres tienen (o pueden adquirir) los conocimientos necesarios para hacer una alimentación variada y equilibrada.
Es adecuado ofrecer a los niños y niñas la posibilidad de elegir entre 2 ó 3 alimentos que las personas adultas tengan ya previstos, pero dentro de opciones saludables. Por ejemplo ¿Quieres merendar bocadillo de queso o de salchichón? ¿Quieres tomar hoy el huevo revuelto o pasado por agua? ¿De postre qué prefieres, una mandarina o una pera?

Autora: Ana Martínez Rubio

Consejería de Salud. Junta de Andalucía. Sevilla